Hacia el Octavo Congreso Nacional de Delegados de la CTA
ANTE LA PRETENDIDA UNIDAD DEL SINDICALISMO MUNDIAL
Frente al dominio mundial de las grandes
corporaciones que imponen modelos y políticas que acentúan la
desigualdad, la pobreza y el hambre, se requiere la UNIDAD de todos los sectores
del movimiento obrero y de los trabajadores para enfrentar este orden de
injusticia y alumbrar un nuevo tiempo para la humanidad. La unidad es
prioritaria e imprescindible para plasmar una nueva sociedad que encarne los
valores de la igualdad, la justicia social, la libertad, la democracia, la
solidaridad y la paz entre los pueblos. Estos objetivos, que compartimos
millones en el mundo, requieren no sólo de la unidad y
articulación de las organizaciones sindicales preexistentes, sino la
construcción de nuevas institucionalidades que organicen y expresen a los
vastos contingentes socioculturales excluidos por el depredador avance
capitalista. No es esta, sin embargo, la "unidad" que se nos propone en la
denominada Confederación Sindical Internacional (CSI).
La unidad sindical como principio y con
principios
La unidad de clase como centralidad
CTA: el mandato del Congreso
El Congreso Nacional de CTA de abril de 2006, en Mar del
Plata, dispuso la participación en un proceso de reorganización
sindical mundial que nos permitiera conquistar esa unidad. Fue mandato de ese
Congreso "impulsar ese proceso de reorganización en total libertad y
respeto a la pluralidad, y contribuir a desarrollar el perfil que consideramos
debe tener el movimiento sindical internacional".
Asimismo, fue mandato del Congreso "aportar a forjar
actores y acciones, sin exclusiones ni restricciones, que enfrenten el flagelo
de la globalización neoliberal".
Desde ese mandato se decidió concurrir al
Congreso Mundial de Reunificación del sindicalismo que se había
anunciado para fines de 2006. Sin embargo, el Congreso unificador realizado en
Viena el 3 de noviembre de 2006, y del que surgió la creación de
la Confederación Sindical Internacional (CSI), no plasmó esos
presupuestos y objetivos. Por el contrario, profundizó viejas divisiones
del movimiento sindical, bajo el predominio de una concepción, tributaria
de la vigente en la "guerra fría", que consolida lo peor del movimiento
obrero.
¿Qué es la CSI?
La CSI es resultante de la fusión de la
Confederación de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) que expresa a
grupos político-sindicales de la socialdemocracia europea y de los EEUU,
y de la Central Mundial de Trabajadores (CMT), de orientación
demócrata cristiana. En ese congreso fue designado Secretario General de
la CSI el británico Guy Ryder, ex funcionario de la OIT y Secretario
General de la CIOSL antes de la fusión.
Se trata de una confluencia de diversas corrientes
político-ideológicas con un denominador común: constituyen
un sindicalismo de carácter conciliador, burocrático y
participacionista, que trata de adecuar al movimiento obrero a las
políticas neoliberales que imponen la globalización y que han
confrontado permanentemente, con el sindicalismo autónomo y
liberador.
La CSI no representa los principios de unidad del
movimiento obrero, es decir la solidaridad, la paz, la igualdad, la democracia y
la libertad. Es un frente de sectores que a partir de la política global
de EEUU durante la guerra fría, se ha caracterizado por sembrar la
división y la exclusión de importantísimos sectores del
movimiento sindical del mundo; entre los que se cuentan algunos de los
más altos ejemplos de combatividad, defensa de los intereses de los
trabajadores, luchas contra dictaduras, intransigencia frente a las
políticas neoliberales y solidaridad internacional.
Los excluidos
Es así como el Congreso fundador de la CSI
excluyó entre otras entidades sindicales a la Confederación de
Sindicatos Chinos (que representa 143 millones de trabajadores), la Central de
Trabajadores de Vietnam, la Central de Corea del Norte, la Unión de
Trabajadores de Venezuela, la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), dos
Centrales de la India y a todas las organizaciones que integran la
Federación Sindical Mundial. También quedaron afuera la CGT de
Portugal, la Central General de Trabajadores de Perú, La Central Obrera
de Bolivia, la mayoría de los sindicatos árabes, la Central
Intersindical Gallega y el PIT-CNT de Uruguay.
No nos erigimos en jueces supremos de la dignidad
sindical, ni de la auténtica representación de los trabajadores.
Pero no somos ingenuos ni participamos de cualquier iniciativa que, invocando la
unidad, pretende en verdad transformarla en un corset para la lucha contra las
políticas y modelos globalizadores.
¿El movimiento obrero en el
FMI?
En nuestro Congreso de Mar del Plata se afirmó:
"Somos conscientes que la clase trabajadora y los movimientos populares de toda
América Latina estamos inmersos en un profundo debate político y
cultural, imprescindible para fortalecer la resistencia, pero también
para asumir esta oportunidad histórica de hacer realidad el viejo
sueño de quienes lucharon y luchan por la liberación. Camino que
no es otro que el que debemos construir como Pueblos Libres de Pobreza, del
Hambre y la Explotación, es decir, ser definitivamente Pueblos Soberanos
en nuestros territorios decidiendo cómo vivir donde vivimos".
Afirmaciones que son antagónicas con el programa de la CSI aprobado en
Viena, en el cual y entre otras cuestiones, se decidió promover la
incorporación del movimiento sindical al FMI, al Banco Mundial y la
Organización Mundial del Comercio, bajo la hipócrita consigna de
"humanizar la globalización". Los instrumentos de un nuevo modelo social
humanitario, solidario y pacífico, no son ni pueden ser los mismos que
promueven el modelo contrario.
Esos organismos a los que la CSI quiere incorporarse, al
igual que los Tratados de Libre Comercio, son la expresión más
alta del principio de maximización de las ganancias, de la
explotación y opresión de trabajadores y pueblos, de la
depredación del planeta, sustentados en las estrategias y
prácticas de las corporaciones transnacionales. Son los instrumentos de
los programas de ajustes estructurales, de las presiones y coerciones que sirven
a sus intereses como las sanciones económicas, los bloqueos, las
desestabilizaciones institucionales y las guerras.
Doble discurso
Esa hipocresía del doble discurso de la CSI queda
al desnudo cuando se invoca abstracta y enfáticamente la idea de
humanizar, y se silencia toda condena a aquello que expresa nítidamente
el sentido de la globalización capitalista que impulsan las corporaciones
económico-financieras, representadas en algunos de los Estados más
poderosos de la tierra. Esto es, por caso, las guerras de agresión a Irak
y Afganistán, los bombardeos al Líbano, el bloqueo a Cuba, el
intento de golpe a Chávez.
Tampoco la CSI identifica a esos Estados y corporaciones
como los responsables de las hambrunas, el daño ambiental, las
migraciones masivas forzosas, la desocupación estructural, la
explotación del trabajo infantil, la violación sistemática
de los derechos humanos universales, entre otros "logros" de la
globalización.
¿Por dónde pasa la unidad?
Es evidente, entonces, que la denominada “nueva
central” no es expresión del sindicalismo organizado del mundo,
sino un bloque que reúne corrientes sindicales contrarias a la unidad
real de los que luchamos. Y ello no es una casualidad. La discriminación
tiene un sentido: la creación de un frente que garantice la
hegemonía de los que pregonan la conciliación y la
integración con el proceso globalizado. No sólo en
coordinación con las corporaciones económico-financieras, sino en
confrontación con los trabajadores que las enfrentan.
Como lo entendimos al retirarnos de la CGT y fundar la
CTA, la unidad no pasa por subordinarse o aliarse a los sectores que no
confrontan con un modelo social, político, jurídico y cultural
reaccionario.
La unidad no consiste en integrar y permanecer en
organizaciones burocráticas que transan con aquellos que hay que
enfrentar y que impiden la expresión y representación
democrática y genuina de los intereses de los trabajadores. Por el
contrario, se trata de la UNIDAD DE LOS QUE LUCHAN contra ese orden social e
impulsan a la vez una alternativa superadora del modelo de explotación y
exclusión imperante.
Como afirmamos: la unidad como principio y con
principios. Las exclusiones y discriminaciones que prevalecen en la CSI
contrarían groseramente el mandato del Congreso de Mar del Plata y son
antagónicas con la esencia de nuestra CTA.
Estamos con Cuba
La exclusión deliberada de la CTC de Cuba es una
impronta reaccionaria que debemos resaltar. Desde larga data en nuestras luchas
gremiales y también desde la CTA, hemos mantenido una activa
política de solidaridad con Cuba. Condenamos el inhumano bloqueo impuesto
por EEUU desde hace casi 50 años y apoyamos siempre la dignidad
antiimperialista del pueblo y gobierno cubano, ejemplo para todos los pueblos
que luchan por la liberación. Es objetiva la coincidencia entre las
pretensiones de EE.UU. de aislar, bloquear y asfixiar ese bastión
liberado, con los argumentos de los líderes de la CSI para marginar a la
CTC cubana. Y esta es una cuestión que por su envergadura hace altamente
contradictoria la participación de nuestra Central en la
CSI.
CENTRALES SINDICALES DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE QUE ESTÁN FUERA DE LA UNIDAD DE LA CSI
Millones de trabajadores, representados por importantísimas centrales de todos los continentes, han sido marginados de la CSI por decisión del bloque hegemónico de sindicalistas que -bajo la excusa de un supuesto "capitalismo humanizado"-pretenden un movimiento obrero que acepte y acompañe la globalización neoliberal en esta etapa del dominio imperialista. Estas son algunas de las centrales de América Latina y el Caribe que no están participando del proceso de unidad:
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NOMBRE DE
ORGANIZACIÓN
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PAÍS
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CENTRAL OBRERA BOLIVIANA
UNIÓN SINDICAL OBRERA
CENTRAL. TRAB. COSTA RICA
CENTRAL GENERAL DE TRABAJ.
CENTRAL UNIT. TRABAJ
CENTRAL TRAB.CUBA
CONF. TRAB. ECUADOR
CENTRAL GRAL. TRAB. Guadalupe
GUYANA AGR.& GRAL WORK. UN
UGT
CGTH
FED. UNIT. TRAB. HONDURAS
UAWU
CENTRAL. GRAL TRAB. MARTINICA
CUT
CENTRAL NAC.TRAB
FED.SIND.TRAB.REP. PANAMA
CONF. GRAL. TRAB. PERÚ
CENTRAL UNIT. TRABAJADORES
CPTU
PIT-CNT
UNETE
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BOLIVIA
COLOMBIA
COSTA RICA
COSTA RICA
COSTA RICA
CUBA
ECUADOR
GUADALUPE
GUYANA
CAYENNE
HAITÍ
HONDURAS
JAMAICA
MARTINICA
MÉXICO
PANAMÁ
PANAMA
PERÚ
REP. DOMINICANA
TRINIDAD TOBAGO
URUGUAY
VENEZUELA
|
Propuesta
Nuestro proyecto es construir un nuevo modelo sindical, antagónico y superador de las formas tradicionales, conciliadoras y burocráticas. Un nuevo sindicalismo que reúna y organice unitariamente a los que luchan de manera autónoma de partidos, patrones y Estados, por un orden social mundial en el que imperen los valores de la solidaridad, la igualdad, la democracia, la libertad, la justicia y la paz.
Este proyecto debe tener, urgentemente, una
expresión internacional y regional. Sumarse a la CSI sería
obstaculizar y muy probablemente coartar ese camino. Más aún que
en el pasado, necesitamos coordinación y organización mundial de
los trabajadores. Es por ello que, al no concretarse con la CSI esas
aspiraciones, debemos, en un mismo acto, por un lado ratificar nuestra
autonomía respecto de esa Confederación, y por el otro, reafirmar
nuestra decisión de convocar a una nueva iniciativa internacional que
reúna las condiciones y objetivos resueltos en el Congreso marplatense de
la CTA.
En tal sentido, debemos impulsar un amplio proceso de
debates e intercambios en el propio seno de la CTA y a nivel regional en
América Latina, así como intensas conversaciones bilaterales y
multilaterales con movimientos sindicales de los más diversos puntos de
nuestro planeta, que apunten a construir en plazos perentorios una red
sólida de vínculos que potencien y otorguen dimensión
internacional a una lucha que es, sin duda, internacional.
Y algo más. La articulación e
integración que proponemos debe ser coherente con el propio
carácter de la CTA. Surgimos no sólo para diferenciarnos del
sindicalismo corrupto, empresarial y entreguista de la CGT. Nos fijamos como
objetivo organizar a TODOS los trabajadores, más allá de su
situación laboral y articulación con el Estado. Dimos cuenta del
fragmentado mapa social que el neoliberalismo generó en nuestra patria y
asumimos que la unidad de clase no se alcanza solamente fortaleciendo y
construyendo nuevos sindicatos. Y esta es la característica prevaleciente
en América Latina, por lo que necesariamente también se debe
construir una política de UNIDAD con los movimientos sociales, de
jóvenes, de mujeres, de campesinos, con los pueblos originarios,
ambientalistas, de defensa de los recursos naturales, en una región
escenario de procesos político-sociales de alta confrontación con
el imperialismo.
Nuestro compromiso es el de contribuir a potenciar la
resistencia a la globalización y gestar un nuevo orden mundial,
democrático, pacífico, igualitario, equitativo, que posibilite el
desarrollo de modelos nacionales autónomos, justos, libres de la pobreza
y la explotación, con pleno empleo, educación para todos,
viviendas dignas, salud integral, recreación, protección de la
niñez y la ancianidad, plenamente democráticos y
auténticamente unidos de los derechos que garanticen la libertad
individual y colectiva de sus integrantes.
Esta es la decisión que proponemos, y que debe
consagrar el próximo congreso de la CTA.




