REFLEXIONES DEL COMANDANTE EN JEFE
Lo que se impone de inmediato es una revolución energética

1ro. de Mayo de 2007*
Nada me anima contra Brasil. Para no pocos
brasileños, sobre los que no cesan de martillar argumentos en un sentido
u otro, capaces de confundir a personas tradicionalmente amigas de Cuba,
pareceríamos aguafiestas a los que no les importa perjudicar el ingreso
neto de moneda exterior de ese país. Guardar silencio sería para
mí optar entre la idea de una tragedia mundial y un supuesto beneficio
para el pueblo de esa gran nación.
No voy a culpar a Lula y a los brasileños de
las leyes objetivas que han regido la historia de nuestra especie. Apenas han
transcurrido siete mil años desde que el ser humano dejó huellas
palpables de lo que llegó a ser una civilización inmensamente rica
en cultura y conocimientos técnicos. Sus avances no se lograron al mismo
tiempo ni en el mismo lugar de la geografía. Puede afirmarse, que debido
a la inmensidad aparente de nuestro planeta, en muchos casos se
desconocía la existencia de una u otra civilización. Jamás
durante miles de años el ser humano vivió en ciudades de veinte
millones de habitantes como Sao Paulo o Ciudad México, o en comunidades
urbanas como París, Madrid, Berlín y otras que ven transitar
trenes sobre rieles y colchones de aire, a velocidades de más de 400
kilómetros por hora.
En la época de Cristóbal Colón,
hace apenas 500 años, algunas de esas ciudades no existían o no
sobrepasaba su población la cifra de varias decenas de miles de
habitantes. Ninguna gastaba un kiloWatt para iluminar sus hogares. Posiblemente
la población del mundo no rebasaba entonces los 500 millones de
habitantes. Se conoce que en 1830 alcanzó los primeros 1 000 millones,
ciento treinta años después se multiplicó por tres, y
cuarenta y seis años más tarde la suma de los habitantes del
planeta se elevó a 6 500 millones, en su inmensa mayoría pobres,
que deben compartir los productos alimenticios con los animales
domésticos y de ahora en adelante con los biocombustibles.
La humanidad no contaba entonces con los avances de la
computación y los medios de comunicación alcanzados en la
actualidad, aunque sí habían estallado ya las primeras bombas
atómicas sobre dos grandes comunidades humanas, en lo que
constituyó un brutal acto de terrorismo contra población civil
indefensa, por razones estrictamente políticas.
Hoy el mundo cuenta con decenas de miles de bombas
nucleares cincuenta veces más poderosas, con portadores varias veces
más veloces que el sonido y de una precisión absoluta, con las
cuales nuestra sofisticada especie puede autodestruirse. A finales de la Segunda
Guerra Mundial, que libraron los pueblos contra el fascismo, surgió un
nuevo poder que se adueñó del mundo e impuso el actual orden
absolutista y cruel.
Antes de viajar Bush a Brasil, el jefe del imperio
estableció que el maíz y otros alimentos serían la materia
prima adecuada para producir biocombustible. Lula por su parte declaró
que, a partir de la caña de azúcar, Brasil podía
suministrar el que fuese necesario; veía en esta fórmula un
porvenir para el Tercer Mundo, y el único problema pendiente de
solución sería mejorar las condiciones de vida de los trabajadores
cañeros. Bien consciente estaba, y así lo declaró, que
Estados Unidos por su parte debía suspender las barreras arancelarias y
los subsidios que afectan la exportación del etanol a Estados
Unidos.
Bush respondió que las tarifas y los subsidios
a los agricultores eran intocables en un país como Estados Unidos, primer
productor mundial de etanol a base de maíz.
Las grandes transnacionales norteamericanas
productoras de ese biocombustible, que invierten aceleradamente decenas de miles
de millones de dólares, le habían exigido al jefe del imperio la
distribución en el mercado norteamericano de no menos de treinta y cinco
mil millones (35 000 000 000) de galones de ese combustible cada año.
Entre tarifas protectoras y subsidios reales la cifra por año
ascenderá a casi cien mil millones de dólares.
Insaciable en su demanda, el imperio había
lanzado al mundo la consigna de producir biocombustibles para liberar a Estados
Unidos, el mayor consumidor mundial de energía, de cualquier dependencia
exterior en materia de hidrocarburos.
La historia demuestra que el monocultivo cañero
estuvo asociado estrechamente a la esclavitud de los africanos, arrancados por
la fuerza de sus comunidades naturales y trasladados a Cuba, Haití y
otras islas del Caribe. En Brasil ocurrió exactamente igual con el
cultivo de la caña.
Hoy en ese país, casi el 80% de la caña
se corta manualmente. Fuentes y estudios aportados por investigadores
brasileños afirman que un cortador de caña, trabajador a destajo,
debe producir no menos de doce toneladas para satisfacer necesidades
elementales. Ese trabajador necesita efectuar 36 630 flexiones de piernas,
recorrer pequeños trayectos 800 veces cargando 15 kilos de caña en
los brazos y caminar en su faena 8 800 metros. Pierde un promedio de 8 litros de
agua cada día. Solo en caña quemada se puede alcanzar esa
productividad por hombre. La caña de corte manual o mecanizado se suele
quemar para proteger al personal de mordidas o picadas dañinas y sobre
todo para elevar la productividad. Aunque exista una norma establecida de 8 de
la mañana a 5 de la tarde para realizar su tarea, ese corte a destajo no
escapa de las 12 horas de trabajo. La temperatura en ocasiones alcanza los 45
grados centígrados al mediodía.
Yo personalmente he cortado caña no pocas veces
por deber moral, igual que otros muchos compañeros dirigentes del
país. Recuerdo el mes de agosto de 1969. Escogí un lugar
próximo a la Capital. Me movía bien temprano cada mañana
hacia allí. La caña no quemada era verde, de variedad temprana y
alto rendimiento agrícola e industrial. No cesaba de cortar un minuto
durante cuatro horas consecutivas. Alguien se encargaba de afilar el machete. Ni
una vez dejé de producir un mínimo de 3,4 toneladas diarias. Luego
me bañaba, almorzaba sosegadamente y descansaba en un lugar muy
próximo. Gané varios bonos por la famosa zafra del 70.
Tenía entonces 44 años recién cumplidos. El resto del
tiempo, hasta la hora de dormir, lo dedicaba a mis deberes revolucionarios.
Detuve aquel esfuerzo personal cuando me ocasioné una herida en el pie
izquierdo. El afilado machete había penetrado en la bota protectora. La
meta nacional era de 10 millones de toneladas de azúcar y 4 millones de
toneladas de melaza aproximadamente, como subproducto. Nunca se alcanzó,
aunque nos acercamos a ella.
La URSS no había desaparecido, parecía
algo imposible. El período especial, que nos llevó a una lucha por
la supervivencia y a las desigualdades económicas con sus elementos de
corrupción inherentes, no había surgido. El imperialismo
creyó que había llegado la hora de rematar a la Revolución.
También es honesto reconocer que en los años de bonanza aprendimos
a derrochar y no fue poco el grado de idealismo y de sueños que
acompañaron a nuestro heroico proceso.
Los grandes rendimientos agrícolas de Estados
Unidos se lograron mediante la rotación de las gramíneas
(maíz, trigo, avena, mijo y otros granos similares) con las leguminosas
(soja, alfalfa, frijoles, etcétera). Estas incorporan nitrógeno y
materia orgánica a los suelos. El rendimiento del maíz en Estados
Unidos en el año 2005, según datos de la Organización de
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO),
alcanzó 9.3 toneladas por hectárea.
En Brasil solo se logran 3 toneladas de ese grano en
la misma área de tierra. La producción total contabilizada de ese
hermano país fue ese año treinta y cuatro millones seiscientas mil
toneladas, consumido internamente como alimento. No puede aportar maíz al
mercado mundial.
Los precios de ese grano, alimento principal de
numerosos países del área, casi se han duplicado. ¿Qué
ocurrirá cuando cientos de millones de toneladas de maíz se
dediquen a la producción de biocombustible? Y no voy a mencionar las
cantidades de trigo, mijo, avena, cebada, sorgo y otros cereales que los
países industrializados utilizarán como fuente de combustible para
sus motores.
A esto se añade que es muy difícil para
Brasil llevar a cabo la rotación del maíz con leguminosas. De los
estados brasileños que tradicionalmente lo producen, ocho de ellos son
responsables del noventa por ciento de la producción: Paraná,
Minas Gerais, Sao Paulo, Goias, Mato Grosso, Río Grande do Sul, Santa
Catarina y Mato Grosso do Sul. Por otro lado, el 60% de la producción de
caña de azúcar, una gramínea que no puede rotarse con otros
cultivos, se lleva a cabo en cuatro Estados: Sao Paulo, Paraná,
Pernambuco y Alagoas.
Los motores de tractores, máquinas cosechadoras
y los medios pesados de transporte para mecanizar la cosecha, gastarían
hidrocarburos en cantidades crecientes. El incremento de la mecanización
nada ayudaría a evitar el calentamiento del planeta, algo que está
probado por los especialistas que miden la temperatura anual desde hace
más de 150 años.
Brasil sí produce un excelente alimento
especialmente rico en proteína, la soja: cincuenta millones ciento quince
mil (50 115 000) toneladas. Consume casi 23 millones de toneladas y exporta
veintisiete millones trescientos mil (27 300 000). ¿Es que acaso una parte
importante de esa soja se va a convertir en biocombustible?
En lo inmediato los productores de carne bovina
comienzan a quejarse de que los terrenos sembrados de pastos se están
transformando en cañaverales.
El antiguo Ministro de Agricultura de Brasil, Roberto
Rodrigues, importante defensor de la actual línea gubernamental y hoy
co-presidente del Consejo Interamericano de Etanol, creado en el 2006 a partir
de un acuerdo con el Estado de Florida y el Banco Interamericano de Desarrollo
(BID) para promover el uso de biocombustible en el continente americano,
declaró que el programa de mecanización de la cosecha
cañera no genera más empleo, sino que por el contrario se
produciría un excedente de personal no calificado.
Se conoce que los trabajadores más pobres
procedentes de diversos estados son los que acuden al corte de la caña
por imperiosa necesidad. En ocasiones, son personas que tienen que separarse
muchos meses de sus familiares. Es lo que ocurría en Cuba hasta el
triunfo de la Revolución, cuando el corte y alza de la caña era a
mano y apenas existía el cultivo y transporte mecanizado. Al desaparecer
el brutal sistema impuesto a nuestra sociedad, los cortadores, alfabetizados
masivamente, abandonaron su peregrinar en muy pocos años y fue necesario
sustituirlos con cientos de miles de trabajadores voluntarios.
A esto se añade el último informe de
Naciones Unidas sobre el cambio climático, al afirmar lo que
ocurrirá en Suramérica con el agua de los glaciares y la cuenca
acuífera del Amazonas a medida que la temperatura de la atmósfera
siga aumentando.
Nada impide que el capital norteamericano y europeo
financie la producción de biocombustibles. Podrían incluso
regalarles los fondos a Brasil y América Latina. Estados Unidos, Europa y
demás países industrializados se ahorrarían más de
ciento cuarenta mil millones de dólares cada año, sin preocuparse
de las consecuencias climáticas y de hambre, que afectarían en
primer lugar a los países del Tercer Mundo. Siempre les quedaría
dinero para el biocombustible y adquirir a cualquier precio los pocos alimentos
disponibles en el mercado mundial.
Lo que se impone de inmediato es una revolución
energética que consiste no solo en la sustitución de todas las
luminarias incandescentes, sino también en el reciclaje masivo de todos
los equipos domésticos, comerciales, industriales, transporte y de uso
social, que con las tecnologías anteriores requieren dos y tres veces
más energía.
Duele pensar que se consumen anualmente 10 mil
millones de toneladas de combustibles fósiles, lo cual significa que cada
año se derrocha lo que la naturaleza tardó un millón de
años en crear. Las industrias nacionales tienen por delante enormes
tareas que realizar y con ello incrementar el empleo. Así podría
ganarse un poco de tiempo.
Otro riesgo de carácter diferente que el mundo
corre es el de una recesión económica en Estados Unidos. En los
últimos días los dólares han roto récord de
pérdida de valor. Con esa moneda de papel y los bonos norteamericanos
están constituidas la mayor parte de las reservas en divisas convertibles
de todos los países.
Mañana Primero de Mayo es un buen día
para hacer llegar estas reflexiones a los trabajadores y a todos los pobres del
mundo, junto a la protesta contra algo también increíble y
humillante que ha ocurrido: la liberación de un monstruo del terrorismo,
precisamente al cumplirse el 46 Aniversario de la Victoria Revolucionaria de
Playa Girón.
¡Prisión para el verdugo!
¡Libertad para los Cinco Héroes!
Fidel Castro Ruz
30 de abril de 2007
6:34 pm.
Fuente: Trabajadores, 2 de mayo de 2007.
*FOTO: Fidel, marcha del 1º. de mayo de 2007, La Habana, Cuba.
Fuente: Trabajadores, 2 de mayo de 2007.
*FOTO: Fidel, marcha del 1º. de mayo de 2007, La Habana, Cuba.




