FSM: Podemos reconquistar la unidad sindical en América
En nuestro continente surgen posibilidades
que nadie imaginaba hace un tiempo. La Federación Sindical Mundial (FSM)
respalda las conquistas de los trabajadores y los pueblos con nuevos mecanismos
tendentes a la unidad y el rescate de los derechos perdidos. Diálogo con
Ramón Cardona, representante para América de esta organización
ORLANDO RUIZ RUIZ
1 de enero de 2007

Foto: RENÉ PÉREZ MASSOLA
Hija de la unidad gestada entre
todos los trabajadores tras la derrota del fascismo, la Federación
Sindical Mundial aunó la más amplia y diversa
representación de las organizaciones sindicales existentes al concluir la
guerra en 1945, y devino así, con el particular y decisivo respaldo del
Estado soviético y sus trabajadores, una pujante fuerza para la defensa
de los intereses de la clase obrera a escala planetaria.
Dentro del movimiento sindical internacional fueron
posibles numerosas conquistas, gracias a la posición unitaria, clasista y
de resuelta lucha enarbolada por esta federación de
sindicatos.
Su existencia hizo que se alcanzaran
fructíferos resultados en beneficio de la clase obrera. Una muestra de
ello fue la aprobación del Convenio 87 de la Organización
Internacional del Trabajo, importante instrumento para la lucha por los derechos
sindicales, aún vigente.
Con la desaparición del campo socialista y
particularmente de la URSS, la FSM ve afectada su unidad y
representación. A partir de los años 90 una crisis sin precedentes
se abate sobre el movimiento sindical; se afianzan las doctrinas de la
globalización neoliberal, se priva al individuo de sus derechos
colectivos y se ataca a la organización sindical, a la vez que fenecen
los servicios públicos y el papel del Estado.
Al iniciarse el segundo lustro de la actual centuria,
la Federación Sindical Mundial, tras haber celebrado en diciembre del
2005 su XV Congreso en La Habana, despliega una labor dirigida al logro de una
coordinación más dinámica con las uniones sindicales
internacionales, a la vez que se encamina a la formación de redes de
colaboradores capaces de apoyar y multiplicar su presencia donde los
trabajadores lo requieran, particularmente en nuestra región, donde
comienzan a materializarse condiciones más propicias para la
revitalización de los sindicatos.
En tal sentido, Ramón Cardona, reflexiona sobre
el presente y futuro de la organización.
Es cierto que nos hemos enfrentado a una crisis sin
precedentes en el movimiento sindical.
Esta realidad es evidente tanto en el Norte
industrializado como en el Sur, donde el trabajo precario y la economía
informal en algunos casos alcanzan el 80% de los nuevos ’puestos de
trabajo’. En no pocos países importantes segmentos del sindicalismo
han renunciado a la lucha, lo que ha contribuido a su descrédito ante los
trabajadores, por su incapacidad para dar respuesta a los crecientes problemas
que afectan la vida de los pueblos”.
Este verdadero desastre afecta por igual a todas las
organizaciones internacionales, las cuales han visto reducirse su capacidad de
organización, movilización e influencia, señala
Cardona.
“En nuestro caso, fue tal la fuerza que la FSM
había alcanzado, que el imperialismo, sabedor de su papel,
aprovechó bien la coyuntura, la enfrentó con todos los medios
posibles y consiguió dividirla. Pero nuestra organización renace
de esta debacle y retoma paso a paso el camino de la unidad en el marco de la
compleja pluralidad sindical contemporánea”.
La lucha exige ahora determinadas prioridades
—agrega—: la batalla en contra de las políticas antiobreras
de los monopolios y las transnacionales; el enfrentamiento a la
globalización neoliberal, el subdesarrollo, la pobreza, el hambre, contra
las privatizaciones; a favor de la canalización de los recursos
hacia el desarrollo y la inversión productiva; a favor de la salud
gratuita y universal, la educación y los sistemas de seguridad social
para todos.
“Los trabajadores y los pueblos en general
oponen su rechazo a las políticas neoliberales y, particularmente en
América Latina surgen posibilidades que nadie imaginaba hace un
tiempo.
En este contexto, nos proponemos extender la
coordinación de acciones unitarias, no solo con otras organizaciones
sindicales, sino con agentes del cambio como los campesinos, las organizaciones
de mujeres, de jóvenes, indígenas, jubilados, intelectuales,
trabajadores informales, desempleados y todo aquel que con razón
reivindique la justicia”.
Nuestra filosofía es hoy ocupar todos los
espacios, ampliar el horizonte de relaciones. Respaldaremos nuestro trabajo con
una red de abogados laboralistas que involucra a 11 países del
continente, y también de investigadores, en un eje encabezado por Brasil,
Cuba, México y Colombia. Dar servicios y beneficios al movimiento
sindical será su papel, explicó.
“Del mismo modo estamos orientando con firmeza
la más amplia divulgación y el combate con argumentos frente a la
información amarilla, con nuestros puntos de vista ante todo lo que
lesione en el continente los derechos laborales y sociales. Como soportes hemos
concebido también la emisión sistemática de un
boletín electrónico semanal y una revista teórica
trimestral para América”.
El resurgir de un movimiento sindical unitario, no
excluyente y adecuado a las nuevas realidades es posible. En esa
aspiración contamos con la Central de Trabajadores de Cuba, resuelta
abanderada de la solidaridad y la unidad plural que debemos alcanzar en todo el
mundo para oponer una barrera a la hegemonía de la explotación
capitalista, concluyó Cardona.


